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Historia

Bienvenidos a la Vall d’Alcalà: Corazón de la Montaña, Cuna de la Historia

Descubrir la Vall d’Alcalà es realizar un viaje fascinante a través del tiempo. Desde los primeros grupos de cazadores del Paleolítico, hace 90.000 años, hasta convertirse en el último bastión de la resistencia andalusí bajo el mando del legendario caudillo Al-Azraq, nuestro valle ha sido escenario de pactos, batallas y culturas que han dejado una huella imborrable.

Hoy, ese legado sigue vivo en nuestros despoblados moriscos, en la arquitectura de nuestras neveras de nieve y en el carácter hospitalario de un pueblo que renació con la repoblación mallorquina del siglo XVII.

Te invitamos a recorrer nuestras sendas, a perderte entre alquerías centenarias y a conocer la historia de una tierra que, entre cumbres y barrancos, ha sabido preservar su esencia más pura.

Historia de la Vall d’Alcalà: El Último Bastión de la Montaña

La Vall d’Alcalà no es solo un entorno natural de gran belleza; es un testimonio vivo de la prehistoria y un escenario clave de la historia medieval valenciana.

1. Prehistoria: los primeros pobladores del valle

 

La Vall d’Alcalà es uno de los espacios con presencia humana más antigua de las tierras valencianas. Los restos hallados demuestran que el valle ha estado habitado desde hace más de 90.000 años.

Los primeros habitantes

En el Barranquet de Beniaia se han encontrado herramientas de piedra del Paleolítico Inferior (hace unos 90.000 años), prueba de la llegada de los primeros grupos humanos.

Miles de años después, en la Cova del Pelegrí, se pintaron figuras rupestres —entre ellas un cáprido— que se remontan a hace unos 21.000 años.

Un yacimiento excepcional: el Tossal de la Roca

El Abric del Tossal de la Roca es uno de los enclaves prehistóricos más importantes de la Comunidad Valenciana. Estuvo ocupado durante más de 6.000 años (entre 14.000 y 7.500 años atrás).
En él se han hallado herramientas de piedra y hueso, un arpón casi único en el Mediterráneo peninsular y pequeñas obras de arte grabadas con figuras de animales. Los materiales se conservan en el Museo Arqueológico de Alicante (MARQ).

Arte rupestre y primeras comunidades

El valle también conserva ejemplos de Arte Levantino, como la figura de un cáprido en el Racó del Condoig o una figura humana esquemática en el Barranc de la Gleda.

En la Cova del Passet, junto al Barranco del Girona, se descubrió una cueva de enterramiento colectivo del Neolítico (hace unos 3.000 años), con cerámica, herramientas, adornos y restos humanos.

Edad del Bronce e íberos

En la Edad del Bronce surgieron poblados en lugares elevados como la Penya de la Retura y el Tossal de la Roca.

Más tarde, entre los siglos V y I a.C., el altiplano del Xarpolar acogió un importante poblado ibérico, habitado por los íberos contestanos. Allí se encontraron armas, cerámica decorada y monedas.

Hasta el momento, no se han hallado restos de época romana en el valle.

2. El Esplendor Andalusí y la figura de Al-Azraq

 

En el siglo XII, Alcalà fue el centro de un valiato dependiente de la Taifa de Valencia. El valle estaba formado por ocho alquerías: Benibullfasem (actual Jovada), Adzuvieta, Roca, Benialí, Benixarco, Beniaia, Queirola y Benisili.

Desde aquí, Al-Azraq desafió el avance de las tropas de Jaime I de Aragón. Tras el Pacto del Pouet (1245) y las revueltas mudéjares, su muerte en 1276 en Alcoy marcó el fin de la resistencia andalusí en la montaña alicantina.

Al-Azraq y la Vall d’Alcalà: corazón de la resistencia andalusí

Al-Azraq (siglo XIII), cuyo nombre significa “el de los ojos azules”, fue el gran protagonista medieval de la Vall d’Alcalà. Este valle montañoso no solo formó parte de sus dominios, sino que constituyó uno de los principales escenarios de la resistencia andalusí frente al avance feudal impulsado por Jaime I de Aragón durante la conquista del Reino de Valencia.

Señor de castillos y fortalezas estratégicamente situadas en el interior alicantino, Al-Azraq conocía profundamente este territorio abrupto, que utilizó como espacio de defensa y organización política. Desde aquí articuló pactos, alianzas y también levantamientos, en un periodo marcado por la transformación definitiva del poder en estas tierras.

En 1244 se firmó un acuerdo fundamental: el Tratado del Pouet, suscrito entre Al-Azraq y Jaime I. Este documento, de extraordinario valor histórico, regulaba la entrega de determinadas fortalezas y establecía una tregua entre ambas partes. Se conserva íntegramente y está redactado en árabe y en romance, lo que lo convierte en el primer tratado de tregua bilingüe medieval conservado en su totalidad. Es un testimonio excepcional del diálogo político y jurídico entre dos culturas en un momento de cambio profundo.

Sin embargo, la convivencia fue frágil. Las tensiones derivaron en nuevas revueltas mudéjares en 1248 y 1276, episodios que tuvieron en la Vall d’Alcalà y su entorno uno de sus principales focos.

La figura de Al-Azraq, a medio camino entre la historia y la tradición popular, está profundamente ligada a la identidad histórica de la Vall d’Alcalà. Su legado simboliza un periodo decisivo que marcó el destino del valle y configuró su memoria medieval.

3. De la Baronía a la Expulsión de los Moriscos

 

Tras la conquista cristiana, el valle se integró en la Baronía del Castillo, Honor y Vall d’Alcalà, vinculada al linaje de los Català de Valeriola y posteriormente al Condado del Real y el Ducado de Villahermosa.

Durante más de tres siglos, la población morisca mantuvo su cultura y tradiciones hasta la expulsión decretada en 1609, que dejó el valle prácticamente despoblado.

4. Repoblación y Edad Moderna

 

El valle fue repoblado por colonos procedentes principalmente de las Islas Baleares. Se consolidaron núcleos como la Jovada, Beniaia y Benisili, mientras que otros como La Roca y La Queirola quedaron abandonados, convirtiéndose hoy en algunos de los despoblados moriscos mejor conservados de la provincia.

En el siglo XIX, Benisili pasó a formar parte de la Vall de Gallinera.

5. El siglo XX: El reto de la despoblación

 

Como tantos municipios del interior, la Vall d’Alcalà sufrió el éxodo rural. De más de 600 habitantes a principios del siglo XX, se pasó a cerca de 200 en la actualidad.

Hoy, el municipio apuesta por la conservación de su patrimonio arqueológico, histórico y paisajístico como base de un modelo de desarrollo sostenible que convierte al valle en un auténtico museo al aire libre.